A mediados de octubre el patio todavía está tranquilo. En el campo no: los tratamientos de otoño ya se están dando, y las labores previas a la recolección también.
Esos apuntes son los primeros de una campaña que va a terminar con una regla distinta a la de siempre. Conviene mirarlo ahora, cuando aún se puede decidir con calma, y no el 2 de enero.
Lo que cambia el 1 de enero de 2027, dicho con precisión
Aquí se mezclan dos cosas continuamente, y merece la pena separarlas porque no obligan a lo mismo ni a los mismos.
El registro de tratamientos fitosanitarios
Es el que tiene fecha firme. El artículo 16.1 del Real Decreto 1311/2012 exige que la información de los tratamientos se registre de manera electrónica, con un plazo de volcado de un mes desde la fecha del tratamiento.
El mismo artículo admite el papel hasta el 31 de diciembre de 2026. Es decir: el último día de libreta es ese, y a partir del 1 de enero de 2027 el registro es electrónico. No mira hectáreas, no mira si es regadío y no mira si usted es cooperativa o agricultor por su cuenta.
El aplazamiento hasta esa fecha no es un rumor de campo: lo trasladó el Real Decreto 1039/2025, de 19 de noviembre, al artículo 16.1, después de que el Reglamento de Ejecución (UE) 2025/2203 moviera la exigencia europea un año.
Y el apartado 16.3 del mismo real decreto añade la parte que casi nadie tiene en cuenta: esa documentación se conserva al menos tres años. La campaña de este otoño hay que poder enseñarla en 2029.
El Cuaderno Digital de Explotación (CUE)
Este es otro asunto y todavía no es obligatorio. El Real Decreto 34/2025, de 21 de enero, lo desató de una fecha concreta y lo ató al siguiente periodo de la PAC, con umbrales de 30 hectáreas, 5 de regadío o 0,1 de invernadero. Para el resto de explotaciones, de momento es voluntario.
Que algo sea voluntario no significa que llegue tarde. Significa que se puede preparar sin agobio, que es una posición bastante mejor.
El problema no está en enero. Está en octubre.
Piense en cómo se anota hoy en una explotación normal.
El tratamiento se da un martes. La anotación se hace en una libreta que va en la guantera, o en un cuaderno que está en la oficina, o en un grupo de mensajes del que luego alguien saca los datos. Y el volcado ordenado se hace cuando toca: antes de la PAC, antes de una auditoría, o cuando la cooperativa lo pide.
Con un plazo de un mes desde el tratamiento, ese ritmo deja de valer. No porque sea poco serio, sino porque está pensado para otra cosa: para justificar a posteriori, no para registrar al día.
Y hay un detalle de calendario que conviene ver ahora. Los tratamientos de diciembre de 2026 tienen su mes de volcado dentro de enero de 2027, ya con la regla nueva. La campaña de otoño se cierra a caballo entre las dos.
Añada lo que pasa en el patio a la vez. Cuando empieza la molturación, en una almazara no hay una sola persona con tiempo para aprender nada. Hay báscula, hay romaneo, hay socios esperando y hay un teléfono que no para. Quien piense implantar un cuaderno en noviembre, no lo va a implantar.
La libreta y el Excel salen baratos hasta que dejan de salirlo
No hay nada ridículo en el Excel. Durante años ha sido la respuesta razonable: barato, conocido y suficiente para lo que se pedía.
Se queda corto en tres sitios concretos, y todos aparecen a la vez.
El primero, el formato. Lo que hay que entregar no es una tabla cualquiera: el contenido del registro de tratamientos está tasado en el Anexo III, Parte I, del Real Decreto 1311/2012, y el del cuaderno digital, en el Anexo II del Real Decreto 1054/2022. Cuadrar una hoja a mano con eso es trabajo de un fin de semana, y hay que rehacerlo cada vez que cambia algo.
El segundo, el producto. El Vademécum del Ministerio se mueve. Un producto puede dejar de estar autorizado para un cultivo entre una campaña y la siguiente, y en un Excel eso no avisa. Se descubre cuando ya está aplicado.
El tercero, el recinto. Las parcelas del Excel suelen ser «el olivar de arriba». Las de SIGPAC tienen referencia, superficie y geometría. Cuando hay que cruzar tratamiento con recinto para justificar un ecorrégimen, esa traducción la acaba haciendo alguien a mano, normalmente en el peor momento del año.
Qué conviene tener hecho antes de la primera descarga
Ninguno de estos cuatro pasos exige contratar nada todavía.
Uno. Las explotaciones dadas de alta y dibujadas. Con la solicitud PAC ya presentada, el alta se puede hacer de forma masiva, por cultivo y por socio, sobre las lindes oficiales de SIGPAC. Es la parte más pesada y la única que no se puede improvisar en plena campaña.
Dos. Los datos de los aplicadores en regla. El carné de aplicador tiene una vigencia de diez años desde su expedición (artículo 20.2 del RD 1311/2012). Y el equipo de tratamiento pasa la inspección ITEAF cada tres años desde 2020 (artículo 5.7 del Real Decreto 1702/2011). Comprobarlo ahora cuesta una llamada; comprobarlo cuando llega el inspector, bastante más.
Tres. Un tratamiento anotado en el momento, a modo de prueba. Uno solo, desde el móvil, en la parcela, para ver dónde se atasca. En muchas fincas del olivar no hay cobertura, así que conviene comprobar que se puede anotar sin línea y que sincroniza después.
Cuatro. Decidir quién anota. Es la decisión que más proyectos hunde y la única que no es técnica. ¿Anota el agricultor? ¿El técnico de la cooperativa? ¿El asesor externo que hace las recetas? Si no está claro, al final no anota nadie y se rehace todo en diciembre.
Cuándo esto no le hace falta
Conviene decirlo, porque no todo el mundo está en el mismo sitio.
Si su explotación es pequeña, no tiene asalariados y da dos o tres tratamientos al año, la Administración pone a disposición un cuaderno digital gratuito. Para ese caso es suficiente y no hace falta pagar nada.
Si ya lleva el cuaderno dentro de un sistema de calidad que le exige su comprador y ese sistema cubre lo que pide el Anexo III, el artículo 16.2 del RD 1311/2012 da por cumplida la obligación. No hay que duplicar el trabajo.
Donde la cosa cambia es cuando hay volumen y hay terceros de por medio: una cooperativa con cientos de socios, un asesor con una cartera de explotaciones, una almazara que tiene que llevar la trazabilidad desde la parcela hasta el lote de aceite. Ahí el problema ya no es anotar, es recoger lo que anotan otros y que llegue completo y a tiempo.
Qué hace falta por su parte
Con franqueza, porque los proyectos de este sector no fracasan por el programa.
Hace falta el fichero de la PAC y la relación de socios con sus explotaciones. Hace falta una persona que responda de esto —no un comité— y hace falta una tarde para el alta y otra para enseñar a anotar.
Y hace falta hacerlo antes de que entre la primera aceituna. Después no hay tarde libre hasta febrero.
En SB Software el Cuaderno de Campo digital se contrata tanto para el agricultor con explotación propia como para la cooperativa o la asesoría que lo lleva para su gente. Incluye el alta masiva desde la PAC, la anotación desde el móvil con sincronización posterior, el asistente de ecorregímenes y condicionalidad sobre las parcelas reales, las recetas del técnico trazadas hasta la parcela y la conexión con SIEX-REA.
Tres cosas que puede hacer esta semana
Sin llamar a nadie y sin gastar un euro.
- Mire la fecha de su carné de aplicador y la de la última ITEAF. Diez años y tres años, respectivamente. Si alguna cae dentro de la campaña, resuélvala ahora.
- Coja el último tratamiento que dio y cronométrese. Desde que lo aplicó hasta que quedó anotado en condiciones. Si pasó de un mes, ya sabe qué hay que cambiar.
- Escriba un nombre. El de la persona que va a anotar esta campaña. Si no sale ninguno, ese es el primer problema que hay que resolver, y no tiene nada que ver con el programa que se elija.
La fecha es el 1 de enero de 2027. El trabajo es ahora, y esta campaña es el ensayo.
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