El verdeo y el cuaderno: qué hay que anotar cuando empieza a entrar la aceituna de mesa
Ha empezado a entrar la manzanilla. En quince días estará entrando de todo, las cuadrillas irán a destajo y el patio de la entamadora no parará hasta noviembre.
Y justo en ese mes, el de más trabajo del año, vence el plazo para anotar los tratamientos de agosto.
No es mala suerte. Es exactamente cómo está escrito el plazo, y conviene saberlo antes de que el verdeo se lo lleve a uno por delante.
El plazo que nadie mira hasta que lo mira una inspección
El artículo 16.1 del Real Decreto 1311/2012 dice que el registro de tratamientos se lleva de forma electrónica con un plazo de volcado de un mes desde la fecha de realización del tratamiento.
Un mes. No «al final de la campaña», no «cuando se pueda». Un mes desde que se pasó el atomizador.
Eso significa que el tratamiento del 20 de agosto tiene que estar volcado antes del 20 de septiembre. Y que el del 5 de septiembre vence el 5 de octubre, cuando ya se está cogiendo a todo trapo.
El mismo artículo, en su apartado 3, añade la otra mitad: esos registros y los documentos asociados se conservan al menos durante los tres años siguientes. Tres campañas enteras de papeles que tienen que aparecer cuando alguien los pida.
Dónde duele de verdad: el plazo de seguridad
Hay una cosa que en el olivar de mesa pesa más que en casi ningún otro cultivo, y es el plazo de seguridad del último tratamiento.
Entre la última aplicación y la entrada de la cuadrilla tienen que pasar los días que diga la etiqueta. Si son catorce y se entra a los diez, el problema no es administrativo: es un lote con un residuo que la entamadora va a detectar, o que va a detectar su cliente, que suele ser peor.
Y la prueba de que se respetó ese plazo es el cuaderno. No la memoria del tractorista, ni el albarán de la cooperativa, ni lo que uno recuerde en enero. La fecha anotada.
Cuando el cuaderno se rellena a posteriori, con las facturas del almacén delante y haciendo memoria, esa prueba se convierte en una reconstrucción. Y una reconstrucción, ante quien pregunta, vale lo que vale.
Por qué la libreta y el Excel dejaron de dar la talla
Conviene decirlo sin desprecio, porque durante veinte años fueron la solución correcta.
La libreta del bolsillo funcionaba cuando el cuaderno era un documento de papel que se presentaba de año en año y que nadie cruzaba con nada. El Excel fue un paso adelante honesto: al menos sumaba, al menos se podía buscar.
Lo que ha cambiado no es que hayan empeorado. Es que ahora hay tres cosas que antes no había:
Un plazo mensual. Un sistema que se rellena en enero no puede cumplir un plazo que vence cada mes.
Un destino. La información ya no se queda en casa: tiene que acabar en el sistema de la administración, con las parcelas identificadas como las identifica SIGPAC y los productos identificados por su número de registro. Un Excel con la columna «parcela del pozo» y el producto escrito como «el de la mosca» no se vuelca: hay que traducirlo, y traducir cuarenta hojas en noviembre no lo hace nadie.
Una fecha. El papel se admite hasta el 31 de diciembre de 2026. A partir del 1 de enero de 2027, el registro ha de ser electrónico.
Esa fecha no es una amenaza. Es un calendario, y todavía da tiempo de sobra a llegar sin agobios. Lo que no da tiempo es a empezar en diciembre.
Qué hay que tener anotado, en concreto
El Anexo III, Parte I, del Real Decreto 1311/2012 marca el contenido del registro de tratamientos. En román paladino, de cada tratamiento hay que poder decir:
- Cuándo. La fecha.
- Dónde. La parcela, identificada como la identifica SIGPAC, y la superficie tratada.
- Con qué. El producto y su número de registro, y la dosis.
- Contra qué. La plaga o la enfermedad.
- Con qué máquina y en qué condiciones se aplicó.
- Quién. El aplicador, con su carné en vigor.
Nada de esto es nuevo para quien lleva años en esto. Lo nuevo es el ritmo al que hay que tenerlo puesto.
Cuándo esto no va contigo
Aquí hay que ser claro, porque no a todo el mundo le aplica lo mismo.
La obligación del cuaderno digital de explotación está prevista para explotaciones por encima de ciertos umbrales de superficie. Si tienes cuatro hectáreas de mesa en secano y no riegas, es muy probable que el cuaderno digital de explotación no te alcance.
Ojo con la trampa, porque aquí es donde se confunde casi todo el mundo: una cosa es el cuaderno digital de explotación y otra es el registro de tratamientos fitosanitarios. El segundo lo lleva todo el que aplica fitosanitarios, tenga la superficie que tenga. Y es el que tiene el plazo de un mes.
Dicho de otra forma: puede que el cuaderno grande no te toque, y aun así tengas que anotar cada tratamiento en su mes.
Qué hace falta para llegar bien, y no es el programa
Lo que hunde estos cambios casi nunca es la herramienta. Es llegar a la campaña con los datos maestros sin preparar.
Las parcelas, antes del verdeo. Recinto SIGPAC, superficie, variedad. Media tarde de trabajo hecha en septiembre ahorra dos semanas en enero.
Los productos, con su número de registro. No con el nombre de la casa ni con el apodo de la finca.
Los aplicadores, con su carné y su fecha de caducidad. Es el papel que más se caduca sin que nadie se entere, y el que más se pide.
Y lo más importante: que anote quien trata. No el gerente el domingo. Si el que se baja del tractor no anota en ese momento, el plazo de un mes se incumple solo, por acumulación, sin que nadie decida incumplirlo.
Esto último no es una cuestión de software. Es una costumbre, y las costumbres se cambian en septiembre, no en diciembre.
Lo que puedes hacer esta semana sin contratar a nadie
Cuatro cosas, y ninguna cuesta dinero:
- Mira la fecha del último tratamiento de cada parcela que vayas a coger este mes y compárala con el plazo de seguridad de la etiqueta. Si alguna va justa, mejor saberlo hoy que cuando esté en el patio.
- Comprueba qué tratamientos de agosto siguen sin volcar. Los que pasen de un mes, ésos son los que hay que resolver primero.
- Repasa los carnés de aplicador de quien vaya a tratar en lo que queda de año. Mira la fecha de caducidad, no solo que exista.
- Coge la lista de tus parcelas y ponle a cada una su recinto SIGPAC. Si eso está hecho antes de que acabe el verdeo, el resto es cuesta abajo.
El 1 de enero de 2027 está a poco más de un año. Quien llegue con las parcelas identificadas y la costumbre de anotar en el momento, llegará sin enterarse. Quien llegue con la libreta, llegará en diciembre y con prisa.
Y en diciembre, en esta tierra, ya hay bastante lío con la molturación.

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